Según el orden tomista, que es aristotélico, la paciencia es una virtud potencial o derivada de la fortaleza, cuya misión es facilitar el vencimiento de la tristeza para no decaer ante los sufrimientos ya físicos, ya espirituales, anejos a la práctica de cualquier virtud y mucho más, al seguimiento de las virtudes enseñadas por Cristo.” (1)

En un mundo donde todo es exprés, la paciencia, el don de espera, esa sensación de esperar ha quedado disuelta en la inmediates de las cosas. Un buen platillo tarda su proceso de elaboración y cocción, un amor de pareja no se conquista en la primer cita, el puesto soñado se consigue con trabajo, no solo con deseos y sí, tarda, pero cuando lo logramos y llegamos a esa meta el sabor de la satisfacción es mucho mayor.

A veces las prisas nos impiden disfrutar del presente. Disfrutar de cada instante sólo es posible con unas dosis de paciencia, virtud que podemos desarrollar y que nos permitirá vivir sin prisas. La paciencia nos permite ver con claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos.

Hace tres años comencé a entrenar para una carrera de 10 kilómetros, en mi primer intento, sólo logré correr de manera seguida 2 kilómetros hasta que pude, pero seguí intentando hasta completar los 5 kilómetros para por fin y, con mucho esfuerzo llegar a los 10.

En mi mente jamás se cruzó la idea de correr distancias mas largas, por que era “imposible”, pero un día corrí 11kilometros y así sucesivamente hasta llegar al maratón de 42.195K.

Y esto se traslada a todos los ámbitos, hoy vemos a los padres de familia que “educan” a sus hijos con un iPad cuando lloran, no le dedican tiempo a conocer las razones por las cuales está inquieto, lo que quieren es que se calle ¡YA!. Esto provoca que los hijos crezcan exigiendo las cosas, obteniendo todo a demanda y no ir obteniendo recompensas por logros o esfuerzos y se vuelve un círculo vicioso.

Hoy en día todos los que disfrutan de ser pacientes son considerados lentos, pasivos, sumisos, son “cosa rara”, cuando la paciencia no es pasiva; por el contrario, es activa; es fuerza concentrada.

1.- http://es.catholic.net/op/articulos/43020/cat/28/la-virtud-de-la-paciencia-1.html

 Alejandro Daniel Rodríguez Elizondo 

Lic. en Mercadotecnia por la Universidad del Norte y Maestría en Administración de Negocios con especialidad en Mercadotecnia en Tec Milenio. Colaboró con las empresas Gelattina y FEMSA Comercio – Cadena Comercial OXXO y actualmente es Gerente Regional de Marketing, Comunicación e Imagen Corporativa ICAMI Monterrey.